APOYO A LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA

    Apoyamos la independencia pacifica de Cataluña en nombre del futuro de la humanidad.

 


  • No se trata aquí simplemente de la reivindicación de una región de España pero de un acto que va más allá de este continente: se trata de una propuesta para un mundo unificado.

    A quienes dirían que la independencia separa, aísla, pone de lado, les contestamos que es la falsa unión que separa a los pueblos de la Tierra ya que estos siguen “unidos” en estados resultantes de las violencias de la historia, y que conllevan por consiguiente el peso de siglos y milenios de dominaciones abusivas.

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  • El mundo de mañana deberá ser unido o no será

  • El mundo de mañana deberá ser unido o no será y esta unidad no es la de las grandes naciones estados que han prevalecido hasta ahora pero la de pueblos con dimensiones humanas, de “ciudades estados” inspiradas en un modelo griego modernizado, en las ciudades estados del norte de Italia en cierta época, o en cuales sean los modelos que lograron reunir las aspiraciones colectivas e individuales al flujo de la excelencia civilizadora.
     

    No se trata por lo tanto de anhelar neciamente estar con “los suyos” – repudiamos este nacionalismo que llamaríamos cerrado u oscuro al inversa del nacionalismo abierto o universalista, lo que no constituye de forma ninguna un oxímoron – pero de querer estar en la humanidad, lúcidos de que ésta debe (hasta un hipotético y lejano futuro de plena unificación civilizacional, y no estamos hablando de la degradante “civilización” mercantilista que tiende a imponer su manto sobre la faz de la Tierra) organizarse en unidades, u órganos, correspondientes a realidades culturales, geográficas, históricas, lingüísticas o cuales sean los demás criterios de identificación a lo que se suele llamar una nación.

    Llamamos también la atención sobre un fenómeno, de uso delicado, cuyas consecuencias podrían ser funestas, en el caso catalán como en otros por el mundo: el hecho de que aquellos que vienen a un país para mejorar sus existencias, lo que constituye un acto natural al que todo ser humano debe tener la posibilidad de acceder (el “derecho de desplazamiento voluntario” debería integrarse a los derechos humanos fundamentales) se desolidaricen de éste cuando viene la hora de su emancipación.

    Se entiende que por razones de filiación y practicidad los inmigrantes de España radicados en Cataluña se inclinen menos que los demás a este paso valiente hacia un futuro fuera del Reino español pero se entenderá entonces que la desconfianza y resentimientos se generen de parte de aquellos que se verían frustrados en sus aspiraciones justas por poblaciones oriundas del resto de la península. Este fenómeno de dislocación de la voluntad nacional comporta el riesgo de llevar los pueblos a cerrarse y rechazar en exceso a los que con un legítimo derecho ahí llegan.

    La gratitud debería siempre prevalecer de parte de quienes mejoraron sus vidas, y en este caso la gratitud debería expresarse de parte de estos catalanes nuevos con el apoyo, o la neutralidad, a la voluntad del pueblo catalán que ve en el fortalecimiento de sus preceptos – lo que requiere una mayor autonomía y finalmente lo que se llama independencia pero que preferimos llamar “emancipación” – la fórmula para constituir una comunidad a las alturas de sus aspiraciones colectivas.

    Pese a las condiciones contrarias que surgirán de dentro y de fuera, esperemos que a orillas del Mediterráneo renazca un modelo de organización política brillante y a escala humana que inspire a los demás pueblos de Europa y del mundo y que los lleve a una paz perpetua bajo una sólida e inspirada Sociedad de las Naciones (que suceda a la actual farsa que es la ONU).

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